INTERVENCIÓN DEL DELEGADO
DE CHILE, MINISTRO CONSEJERO ALFREDO LABBÉ, EN EL DEBATE
GENERAL DE LA III REUNIÓN DE LA COMISIÓN PREPARATORIA
DE LA VII CONFERENCIA DE EXAMEN DEL TNP
Señor Presidente, seré breve:
Permítame, en primer lugar, felicitarlo por su elección
como Presidente de esta Tercera Sesión de la Comisión
Preparatoria. Estamos ciertos que usted mantendrá los niveles
de excelencia a los que nos habituamos bajo sus distinguidos predecesores,
los Embajadores Henrik Salander y Lászlo Molnár y,
por nuestra parte queremos asegurarle desde ya todo nuestro apoyo.
Chile abre su participación en esta Conferencia con una
reafirmación de la importancia que atribuye al Tratado de
No Proliferación de las Armas Nucleares y el complejo sistema
–tanto político como técnico- que de él
dimana.
El TNP no sólo provee la “piedra angular” del
régimen de no proliferación, sino que consagra jurídicamente
en su Artículo VI una obligación que, no por ser de
materialización futura, resulta menos vinculante. Sobre ella
se levanta la promesa –que no hemos olvidado y cuyo cumplimiento
no dejaremos de cobrar- de un mundo libre de armas nucleares.
Paralelamente, el Tratado reconoce el “derecho inalienable”
de todos los Estados de beneficiarse con los usos pacíficos
de la energía nuclear, dimensión que un día
podría ser la que concentre lo mejor de nuestros esfuerzos.
Queremos subrayar además nuestra convicción respecto
de la necesidad de revitalizar el impulso multilateral del sistema
del TNP, sobre todo en una coyuntura histórica en la que
–extinguidos los términos políticos y estratégicos
que presidieron la negociación y puesta en marcha del Tratado-
la amenaza del uso malévolo de los artefactos nucleares asume
otros caracteres que desafían el orden mundial en el que
esta Conferencia se halla inserta.
Así, si queremos –de verdad- que el escenario de un
atentado terrorista perpetrado con armas nucleares o radiológicas
continúe radicado en el dominio de la ficción, deberemos
conjurar y prevenir esa posibilidad recurriendo a un conjunto de
herramientas multilaterales cuya nota principal ha de ser la eficacia:
Señor Presidente:
Hoy en día, la importancia del régimen de no proliferación
resalta con urgencia.
En los últimos doce meses hemos conocido –con grado
variable de asombro- al menos tres casos serios de proliferación
o amenaza de proliferación nuclear.
El balance final de estas experiencias parece ser positivo en la
medida que el control estatal sobre los programas nucleares se ha
visto reforzado y los casos de preocupación se han acotado
tras promesas y seguridades que han dejado satisfechos tanto al
OIEA como al propio Consejo de Seguridad.
Dichos casos, sin embargo, han subrayado la trascendencia de los
mecanismos de verificación y la necesidad urgente de universalizar
el Protocolo Adicional de Salvaguardias, que dota al OIEA con herramientas
idóneas para conducir inspecciones más intrusivas
y, por lo mismo, más eficaces.
Es por tal razón que el Protocolo Adicional de Salvaguardias
deberá ocupar un lugar destacado en el Documento Final de
la Conferencia de Examen 2005 del TNP. Chile ya lo ha puesto en
vigor, realizando gustoso el sacrificio de soberanía cuya
implementación supone en la medida que tal sacrificio constituye
un aporte concreto a la seguridad internacional. Como lo ha señalado
Francia, necesitamos una política de “tolerancia cero”
ante la proliferación.
Señor Presidente:
Mi Delegación no se propone revisitar en este discurso todos
y cada uno de los tópicos de la agenda presente o de las
agendas pasadas. Más bien, nos interesa y motiva hacer con
los Estados Parte una reflexión sobre el sentido y alcance
del TNP en este nuevo siglo y poner uno o dos énfasis –como
ya lo hemos hecho respecto del Protocolo Adicional.
Los principios y las esperanzas que presidieron la negociación
y, más adelante, la prórroga indefinida del TNP continúan
vigentes para Chile. También nuestra convicción de
que el multilateralismo es la vía idónea para que
la acción colectiva de la comunidad internacional goce de
legitimidad.
Cuando el TNP se negoció, la posibilidad de un holocausto
nuclear era tan viva como la imaginación de Stanley Kubrik,
que pronunció una advertencia, ya clásica, en su inolvidable
“Dr. Strangelove”.
Hoy la interacción de las grandes potencias nucleares no
se plasma en la dinámica de un juego de “suma cero”.
Las cabezas nucleares estratégicas desplegadas conservan
su potencia devastadora pero su número se cuenta en miles
y no en decenas de miles y la globalización nos ha provisto
a todos con un ámbito para la cooperación -tan tecnificado
como desideologizado- en el que los beneficios del comercio y la
interdependencia resultan decididamente más atractivos que
la confrontación.
Sin embargo, el terrorismo transnacional ha puesto de relieve las
fragilidades del nuevo orden, forzándonos a buscar respuestas
que permitan preservarlo sin sacrificio sustancial para la democracia,
los Derechos Humanos, el comercio libre y los usos pacíficos
de toda tecnología.
Creemos que es precisamente ahí donde radica el desafío
más importante que enfrenta la comunidad internacional: cómo
conjurar eficazmente las nuevas amenazas sin afectar el patrimonio
civilizacional que representan el multilateralismo y el TNP, uno
de sus hijos predilectos.
Hay que preservar creativa y pragmáticamente aquello que
con tanto esfuerzo conseguimos el año 2000. El Documento
Final de la Conferencia de Examen continúa siendo un hito
destacado dentro de un proceso dinámico que habremos de conducir
de cara a la realidad.
En efecto, los tres pilares –no proliferación, desarme
y uso pacífico de la energía nuclear- sobre los que
descansa el edificio jurídico y político del TNP deberán
ser lo suficientemente sólidos como para permitir la adaptación
de sus superestructuras a las necesidades de la hora.
Señor Presidente:
Mi país se aprestar a participar activamente en la Conferencia
de Examen, a la que –en lo sustancial- percibe como un ejercicio
primordialmente político destinado a reafirmar la legitimidad
del TNP y las grandes transacciones que su texto engloba.
En tal sentido, es útil recordar que los Estados nucleares
reconocidos por el TNP tienen una responsabilidad singularísima
por su propia condición. Sólo a ellos cabe cumplir
el Artículo VI, pero éste es una norma de Derecho
Internacional que interesa y compete a toda la comunidad de naciones.
En esta perspectiva, Chile reitera que el TNP forma parte de un
“corpus juris” al que también pertenecen el Tratado
para la Prohibición Total de los Ensayos Nucleares y –apenas
sea finalizado- el Tratado para la Prohibición de la Producción
de Material Fisionable con Fines Militares. Componente esencial
de dicho “corpus” son también las Zonas Libres
de Armas Nucleares. La nuestra, aquella generada proféticamente
por América Latina mediante el Tratado de Tlatelolco, se
ha consolidado mediante la ratificación de Cuba, a la que
volvemos a felicitar también por su incorporación
plena al TNP. El Organismo para la Prohibición de las Armas
Nucleares en América Latina tiene la convicción –que
ciertamente respaldamos- que es oportuno convocar a una Conferencia
de las Zonas Libres de Armas Nucleares, que servirá para
ponerlas de relieve en cuanto avenidas pragmáticas hacia
el desarme nuclear.
Otra avenida de vocación multilateral son los arreglos -políticamente
vinculantes para sus miembros- que procuran contribuir a la implementación
de los instrumentos del Derecho Internacional del Desame y el Control
de Armas. Tales arreglos no constituyen -por sí mismos- la
solución definitiva a los problemas situados en su esfera
de competencia, pero su acción dinamiza la materialización
de los grandes objetivos de la no proliferación y el desarme.
El último de estos arreglos es el Código Internacional
de Conducta contra la Proliferación de los Misiles Balísticos
Vectores de Armas de Destrucción Masiva, o Código
de La Haya. El Código –que se ocupa del vector por
excelencia de las armas nucleares- cuenta ya con 112 Estados suscriptores
que pertenecen a todos los grupos regionales del sistema de las
Naciones Unidas y nos complace subrayar que casi la mitad de sus
miembros proviene de las filas del Movimiento de Países No
Alineados.
Chile, que está ejerciendo la Presidencia del Código
de La Haya, renueva desde esta tribuna la invitación abierta
a todos los miembros de la ONU para incorporarse a este mecanismo
que transita con paso acelerado por el derrotero de la universalización.
Señor Presidente:
Siquiera en aras de la persistencia, nuestra Delegación
no quiere terminar estas palabras sin hacer un enésimo llamado
para que la Conferencia de Desarme, inmovilizada por la regla del
consenso y la práctica perniciosa de los “linkages”
pueda retomar su actividad cuanto antes.
La historia registra que cuando la sinergia entre Ginebra y Nueva
York florece como los “cherry blossoms” el Desarme –y
la civilización- avanzan.