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INTERVENCION INICIAL DEL PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA DE DESARME, EMBAJADOR DE CHILE. JUAN ENRIQUE VEGA.

Lo primero que quiero expresar es un agradecimiento al Presidente saliente, Embajador Christopher Westdal por el esfuerzo que ha desplegado para que podamos empezar a trabajar. Todos hemos sido testigos de sus incansables energías puestas al servicio de la obtención de¡ consenso necesario para aprobar el programa de trabajo de la Conferencia. También de la solidez de sus principios en tomo a los temas cruciales de la paz. Por ello, junto con nuestro agradecimiento, agrego mi homenaje.

Todos Ustedes conocen muy bien la situación en que nos hallamos. En la sesión plenaria de¡ jueves pasado el Embajador Westdal presentó a la Conferencia un análisis exhaustivo de sus consultas sobre el programa de trabajo y unas importantes conclusiones que llaman a la reflexión. En ellas se señalaban, entre otras cosas, las dificultades para lograr un acuerdo sobre dicho programa.

Chile asume por primera vez la Presidencia de la Conferencia de Desarme, a la que ingresó en 1996. Mi país está convencido de la importancia de este órgano como instrumento de la comunidad internacional para generar mejores condiciones de seguridad para todos los habitantes de planeta.

La valoración que hacemos de los espacios multilaterales es conocida. Creemos que en ellos la humanidad tiene la capacidad de reconocer el principio de la igualdad de todos sus miembros y de otorgar la dignidad necesaria a sus valores y necesidades. Mas aún cuando los temas que el mundo multilateral debe abordar deben adquirir la legitimidad de los argumentos por sobre la lógica de la fuerza y el poder.

Tenemos firmes convicciones en materia de Seguridad Internacional y Desarme. Ellas se organizan a partir de un principio rector de Seguridad Humana y postulan la indivisibilidad de la Seguridad Internacional y de preeminencia sobre los requerimientos de seguridad de Estados individuales. Como nuestro pais ha sostenido anteriormente en esta misma Conferencia "la seguridad nacional no existe aislada y no puede ser invocada para socavar la de los demás.

Somos también un país parte M Grupo de los 21 que en sus declaraciones otorga una particular importancia al desarme nuclear. Por lo mismo, nos interesa poner de relieve la vigencia y necesidad de observancia de¡ principio de la irreversivilidad tanto de¡ proceso de desarme nuclear como M control y medidas de reducción de estas y otras armas conexas.

Sin perjuicio de estas convicciones, claras y conocidas por todos como resultado de una acción diplomática coherente en estos cinco años, Chile asume esta responsabilidad para prestar un servicio a todos los miembros de la Conferencia y también a los Estados observadores. Por lo tanto, hablaremos menos de lo que creemos para tener en cambio los oídos muy abiertos para escuchar a todos y procurar ser intérpretes fieles M sentir general.

Como no pertenezco al mundo de los especialistas M desarme, me preocupe de revisar las actas de los años anteriores. Y creo que es muy dificil ser original sobre los problemas que han constatado todos los presidentes al asumir estos fugaces pero intensos mandatos. En efecto, ellos permanecen desde hace un tiempo importante.

La Conferencia está sumida en una parálisis que no puede prolongarse indefinidamente sin riesgo de dañar su credibilidad y eficacia. Sabemos que las respuestas a la aprobación de un programa de trabajo deben provenir en gran parte del entomo internacional, pero a la vez debemos preguntamos si la Conferencia no tiene algún poder de influir por si misma en ese entomo.

Al mismo tiempo, si la comunidad internacional se ha dotado de un foro internacional para negociar los temas del desarme es por que ha creído necesario establecer una instancia global en donde las decisiones se tomen colectivamente, en otras palabras la existencia de la Conferencia responde a la necesidad de dar una respuesta colectiva a los requerimientos de la seguridad y estabilidad planetaria, que también tienen carácter global.

En este desafío toda la sociedad internacional tiene derechos y obligaciones, ya que se trata de preservar un bien común. De allí que las Partes de la Conferencia tengan la primera responsabilidad en la suerte de la Conferencia, cuya existencia y eficacia a todos nos interesa preservar porque forma parte de un proceso que no es fácil de replicar y que debemos hacer evolucionar de acuerdo a los nuevos tiempos que corren.

Ahora bien, ello no significa que el Presidente de la Conferencia de Desarme eluda su papel. Por el contrario, hoy más que nunca debe estar al servicio de ella poniendo sus mejores esfuerzos para ayudar en la solución de la situación que la afecta. Ello en el entendido de que dificilmente podrá hacer o ir más allá de lo que las Partes deseen hacer, es decir, su carácter de facilitador debe entenderse en el contexto de la autonomía de la voluntad de sus miembros.

Por lo mismo, ninguna presidencia puede echar sobre sus hombros una responsabilidad que pertenece a todos. El impasse en torno al Programa de Trabajo es un problema de todos nosotros que yo no puedo solucionar por mí mismo. Todos tenemos que hacer esfuerzos para avanzar.

Lo haremos sobre una base, el documento CD 1624, que representa la culminación de un proceso de negociación y refinamiento textual que nos ha llevado cerca de¡ consenso. La Propuesta Amorim que, como dice el informe de la CD de¡ año 2000 a la Asamblea General, "cuenta con el apoyo de la Conferencia en cuanto base para nuevas consultas , configura un patrimonio político que preservaremos cuidadosamente. Él es la mejor expresión de un proceso en el que han sido activos gran parte de los presidentes de la Conferencia durante los últimos años. Mi mandato consiste en proseguir aquellas consultas y agradezco a todos los Grupos y a China que han confirmado esta noción.

Exploraremos también toda idea alrededor de acciones complementarias de¡ esfuerzo, principal que permitan aprovechar debidamente los recursos de esta Conferencia. Debo, eso sí, decirles que expresiones como Plan "A" o Plan "B" que son gráficas y atrayentes, entrañan por lo mismo, el peligro de hacernos pensar que se trata de opciones alternativas. En realidad, creo que tenemos frente a nosotros un solo destino final: el Programa de Trabajo, así que yo preferiré hablar de acciones "complementarias", entendiéndolas como afluentes de un río principal que es e¡ Programa de Trabajo.

Procuraremos escuchar a todos y consultar a todos. Ensayaremos nuevas fórmulas y referentes para materializar nuestras consultas. Creemos en la democratización de ¡os organismos internacionales y haremos de la transparencia y la franqueza nuestro principal instrumento de trabajo.

Finalmente, solo quiero comentar, con e¡ mayor respeto por los esfuerzos que aquí se han hecho y se hacen, que a mí, un recién llegado, cuando estoy sentado en esa larga cola que ¡leva a los países, y a algunos embajadores por un azar de¡ alfabeto, como en mi caso, a la Presidencia, me da la sensación de estar viviendo una situación semejante a la que describía un historiador anarquista español, cuando contaba la historia de las ciudades. Según él los hombres discutieron y discutieron durante siglos y siglos hasta que un día por consenso decidieron fundar la primera ciudad.

Muchas Gracias

Ginebra, 22 de febrero de 2001